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Argentina quema sus últimos recursos

Caería en “default” si no logra frenar fallo en EE.UU. sobre “fondos buitres”.

 

MARIANO ROQUE ALONSO (Investor Economía, para ARP) -- Argentina hará un último intento esta semana por frenar una decisión judicial estadounidense que sacudió su estrategia para dejar atrás la crisis de deuda del 2002 y alimentó el temor a un nuevo incumplimiento. Una década después de declarar la mayor cesación de pagos de su historia, Argentina se enfrenta a una dura elección entre depositar fondos antes del 15 de diciembre para pagar a los acreedores "excluidos" -los que rechazaron dos ofertas para reestructurar la deuda impaga- o arriesgarse a caer en una cesación de pagos técnica con todos los tenedores de bonos.

Inversionistas que tenían cerca del 93% de los títulos incumplidos acordaron en 2005 y 2010 canjear esa deuda por papeles nuevos, aceptando un gran pérdida de capital. Pero la decisión de la semana pasada del juez de distrito Thomas Griesa fue una gran victoria para los acreedores que no participaron, liderados por NML Capital Ltd -filial de Elliot Management Corp- y Aurelius Capital Management, que siguieron por diez años luchando en los tribunales para conseguir un reembolso total por sus papeles. En otra victoria que captó titulares el mes pasado, NML logró la confiscación de una nave emblema de la armada argentina durante una visita a Ghana. Dos meses más tarde, el barco sigue retenido. El fallo de Griesa es un retroceso no sólo para la combativa presidenta argentina, Cristina Fernández, quien llama a los acreedores excluidos "fondos buitres" y ha prometido no pagarles. También ha consternado a los inversores que participaron en los dos canjes de deuda y temen que el país del G20 entre en un cese de pagos técnico sobre alrededor de US$ 24.000 millones en bonos reestructurados.

No sólo la decisión de Fernández de vilipendiar a los tenedores, que son detestados por los argentinos comunes, dificulta la posibilidad de un pago para Argentina. Una ley local prohíbe ofrecerles mejores términos que los que ya se dio a los demás inversionistas y hacerlo expondría al país a demandas de los acreedores que cambiaron sus papeles. Por otro lado, un cese de pagos -aunque de naturaleza técnica- empañaría el historial del Gobierno en el manejo de la economía local, profundizando el aislamiento del país de los mercados financieros globales y obstaculizando la inversión en un momento en que la economía se ralentiza. Algunos analistas temen que las repercusiones del caso se extiendan más allá de Argentina y sus acreedores, dificultando futuras reestructuraciones de deuda y el funcionamiento de los sistemas globales de pago. Buenos Aires tiene previsto cancelar en diciembre a los tenedores de bonos que sí aceptaron el canje al menos US$3.300 millones en capital e intereses. Al igual que Argentina, esos acreedores se están preparando para apelar el fallo de Griesa, que refleja su creciente frustración con las encendidas declaraciones de Fernández y otros funcionarios para eludir el pago. "Estas amenazas de desafío no pueden pasarse por alto", dijo Griesa en su decisión, que golpeó los precios de los bonos argentinos.

 
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